domingo, diciembre 26, 2004

Regalito de Navidad

Fun fun fun...

La cosa es que, después de haber leido la entrada de nuestro emperador favorito, tenía pensado poner una yo hablado de psicología o, mejor dicho, de lo que yo entiendo de psicología. Pero ahora, que llevo como 1o elevador a la muchas cervezas y otros tantos pacharances (caseros), creo que voy a dejarlo para otra ocasión y voy a hablar del maravilloso regalo que nos han hecho para que pasemos las fiestas más calentitos (ahora mismo nieva aquí, en Vitoria).

Unos amables indivíduos (que no han sido identificados, por suerte para ellos) han tenido la deferencia de regalarnos una botella llena de gasolina ardiendo justo debajo del coche de mi padre. Por la noche claro, como Santa Claus. La tradición es maravillosa.

No ha pasado nada más serio que los 1200 e que va a costar la sustitución de un lateral de la carrocería y el susto monumental. Afortunadamente.

Pero es en estos casos cuando pienso que si yo hubiera estudiado durante toda mi vida en una academia jedi, entendería las posturas de elementos como Darth Vader y me arrojaría de cabeza al reverso tenebroso con tal de tener un poder que me permitiera estrujar las tráqueas de esos bastardos malnacidos y que me permitiera acabar con ellos, eso sí, después de una agonía lenta y extremadamente dolorosa a manos de ciertos androides simpáticos y esféricos que flotan en el aire y que tienen más púas que un erizo y más drogas que un camello de Lavapiés.

El fuego no alcanzó al depósito. Pero solamente pensar que podría haberlo alcanzado, y que mi padre estaba ahí, como un campeón, apagando el fuego que consumía el lateral de babor (izquierda según se mira hacia adelante) del coche con un extintor, exponiéndose a que el depósito estallara y se lo llevara por delante... me hierve la sangre y agradezco al cielo que no me haya dado más poder del que tengo (que es nada) y que me impide vengarme de esos despojos de la humanidad que merecerían pudrirse en la más inmunda letrina del infierno.

No sé quienes son, pero les conviene que nunca, jamás, lo sepa.

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